¿Buenismo o santidad?
Luis Prados Rivera
Martes, 25 de junio 2024, 23:29
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Luis Prados Rivera
Martes, 25 de junio 2024, 23:29
A pesar de llevar poco tiempo aceptada en la RAE, la palabra 'buenismo' ha tomado un papel importante en la sociedad en que vivimos. Resulta ... lógico porque, según la definición que anota quien protege nuestra lengua, encaja perfectamente en el pensamiento dominante y líquido, reacio a llamar a las cosas por su nombre.
Copio la definición para entendernos. Buenismo: «Actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia». Vamos que, antes de provocar un choque con la realidad, la persona buenista cede hasta el punto de que le da igual ocho que ochenta.
Esta actitud, cada vez más generalizada, está provocando una crisis descomunal convirtiendo al hombre poco a poco en un pelele al que las cosas le dan más o menos lo mismo, dependiendo de lo que le afecte personalmente. Ya no hay actos objetivamente buenos o malos, todos son lo mismo, no importa; «que se apañe cada uno con lo que haga», decimos. El buenista ve con buenos ojos que su amigo se tire por el balcón, si es lo que quiere su colega, o que la niña aborte, si es su voluntad.
El buenismo tiene muy poca trascendencia, en el sentido de que pretende eliminar las consecuencias de los actos. Con el buenismo la alegría es superficial y el buen humor es a costa de los demás. Únicamente pretende agradar, cosa que se nota más de tejas arriba que de tejas abajo. O sea, que es simpaticón fuera de su entorno de confianza donde todo es jiji, jaja; y con sus allegados desata lo agrio de su carácter. Al buenista le dices que es buena gente y le alegras el día, se viene arriba.
Pero si de lo que se trata es de mejorar este mundo eso no basta. Una propuesta muy acertada para desactivar esta forma de vivir viene dada por san Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, de quien hoy se cumplen cuarenta y nueve años de su fallecimiento. En su libro 'Camino', escribe: «Un secreto. –Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. –Dios quiere un puñado de hombres «suyos» en cada actividad humana. –Después... «pax Christi in regno Christi» –la paz de Cristo en el reino de Cristo».
Ciertamente, siendo buenos hacemos mucho, pero cala poco, no deja poso. Es preciso decidirse a ser cada día mejores, que es lo que significa ser santo. Todos conocemos a alguien que lucha por ser mejor y ¡qué a gusto se está con esas personas!
Hay mucha más gente buena de la que parece y todo ese gentío, que pasa desapercibido, genera una multitud de reacciones de bondad en su entorno, incluso en aquellos que son menos buenos o hasta les gusta ser malos. Es necesario despertar a esa muchedumbre de personas buenas para que les interese ser mejores y así, antes de que caigan en el buenismo, proponerles este ideal de santidad en sus actividades ordinarias, en sus relaciones familiares, sociales y profesionales.
Solo quienes quieren ser mejores, quienes se esfuerzan por superarse cada día, pueden solucionar los problemas del mundo empezando poquito a poco desde donde están. Si hubiera que hacer algo extraordinario, se comprendería que hubiera personas que no se sintieran capaces de esa epopeya, pero precisamente porque todos estamos llamados a vivir con esa intensidad, es la mar de sencillo.
En el Opus Dei recordamos a quienes están a nuestro lado exactamente eso: que Dios les espera en el trabajo, en las tareas ordinarias de cada día y que ahí también pueden y deben despertar los deseos de santidad de sus familiares, amigos y compañeros. Animo desde estas letras a tener esa experiencia que Dios paga con una profunda alegría a pesar de que las cosas no salen siempre como uno quiere.
El punto está en que, si realizo mi trabajo lo mejor que puedo, cuido los detalles pequeños de cariño en la convivencia y procuro hacerlo cara a Dios, no solo seré mejor sino que habré emprendido el camino de la santidad.
Para descubrir este «nuevo Mediterráneo» es necesario tratar con confianza a Jesucristo, contar con la ayuda que nos ofrecen los sacramentos y ser humilde. Ser cada día más parecido a Jesucristo y eso, ya se sabe, no deja indiferente, como no dejó indiferente a nadie que se cruzó con Él en sus correrías por la Palestina en el siglo I.
Hacer lo que toca con una sonrisa es el método más eficaz de solucionar las crisis mundiales y está al alcance de todos. «¿Quieres de verdad ser santo? –Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces». (Cfr. Camino, 815).
Toca elegir entre buenismo y pasar la vida sin relieve; o santidad y lanzarse a la aventura de transformar el mundo desde dentro, haciéndolo cada día más bonito y habitable. Las dos cosas no son posibles a la vez: o nos dejamos arrastrar por el conformismo del 'ir tirando' o peleamos por ser cada día mejores, más santos. Hay que decidir qué vale la pena realmente y poner manos a la obra.
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