Vamos sobrados
¿Puede sostenerse un sistema de poder en el que la primera incógnita será, siempre, si al gobierno le aprobarán sus políticas en el parlamento?
Manuel Montero
Jueves, 25 de enero 2024, 23:15
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Manuel Montero
Jueves, 25 de enero 2024, 23:15
El gobierno quiere dar la impresión de que va sobrado, pero está entrando en una mezcla fatal por la combinación de los aires de suficiencia ... política con carencias serias. Primero, se gesta un gobierno que se dice progresista, por apropiación impropia del calificativo, basado en una coalición cuyo principal punto en común consiste en su capacidad de despreciar a la oposición.
Por otra parte, a las primeras de cambio se ve en la tesitura de pedir sopitas a la oposición, para que lo salven cuando sus aliados 'progres' lo dejan en la estacada. Combinar el insulto y la petición de ayuda desplaza nuestro régimen político hacia la esquizofrenia. Todo ello, eso sí, está en consonancia con la que parece única capacidad analítica de su presidente, la de captar en todo, hasta en nimiedades, la influencia perversa de la derecha.
Hemos rizado el rizo cuando para evitar un tropezón del gobierno se requirió simultáneamente al PP y a Bildu. Es un esperpento difícil de entender y que parece imposible de mantener. En realidad, también resulta inverosímil que se haya llegado a la necesidad política del voto conjunto de Bildu y socialistas, pero estos ya han echado por la borda principios ideológicos y éticos –el plato de lentejas es el poder–. Y esto no lo exculpa la indignación de Patxi López porque le citan a ETA, «un fantasma del pasado»: Será fantasma pretérito, pero lo homenajean hoy.
El fantasma que recorre Euskadi sigue sin ser repudiado por los suyos. Esto siempre se había considerado un requisito mínimo para tenerlo como un interlocutor democrático más. Los fantasmas te persiguen y amargan el sueño hasta que logras espantarlos. Hay rituales para conseguirlo, exigir a los veneradores del fantasma que dejen de serlo, so pena de no ser admitidos entre demócratas. Los fantasmas son políticamente muy peligrosos.
¿Puede sostenerse un sistema de poder en el que la primera incógnita será, siempre, si al gobierno le aprobarán sus políticas en el parlamento? El centro de atención se ha desplazado desde la política que hace el gobierno a la (escasa) capacidad de funcionamiento autónomo que tiene. Para mantenerse en marcha no hace falta sólo pedalear. Requiere que haya un suelo por el que circular. Las bicicletas volando por el aire sólo ocurren en las películas fantásticas o en los dibujos animados y en estas con frecuencia el correcaminos volador termina cayendo y dándose el tortazo. Los espectadores ríen.
El espectáculo político se ha convertido en la (in)capacidad del gobierno por resistir y en las cesiones que hará para evitar caer k.o. en el ring.
Es otra dimensión de la política, que deja de serlo para convertirse en el sinvivir de un gobierno asediado por quienes lo apoyan, pero convencido de que nos tiene rodeados. La realidad ha dejado de contar y, como en los dibujos animados, cuando los ciclistas voladores se den cuenta de que pedalean en el aire, sin nada sólido que los sostenga, la caída será fulminante y el tortazo colosal.
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