Aunque no lo parezca, lo sucedido con lo del Covid y lo que está sucediendo con lo del cambio climático, nos da una idea de ... lo que sucederá con esto de la amenaza rusa y la necesidad urgente de gastarnos miles de millones de euros en armarnos hasta los dientes, como diría la canción. No es que todo sea un invento, porque hay una base indiscutible de verdad; pero sí todo fue, es y será convertido por determinadas élites políticas y económicas en una especie de estafa para buscar dos cosas principales: el lucro económico de unos pocos y el terror sumiso de la mayoría. Ser ciudadano en una democracia no solamente significa tener una serie de derechos y deberes, sino defender una dignidad intrínseca frente a los ataques a nuestra libertad de las élites extractivas.
Como hace poco se cumplieron 5 años de aquello del Covid, llegó el típico aniversario-efeméride, que casi siempre es un coñazo, pero que en este caso ejemplifica lo que pretende hacer la izquierda del rencor con esto de la memoria: negarlo todo y lavarnos el cerebro. Es realmente asombroso tener que soportar como los típicos mamporreros mediáticos del Gobierno, como el sibilino Jordi Évole, fabrican una entrevista-masaje al infecto Fernando Simón que se presenta como una especie de héroe-víctima de aquel momento, cuando en un país que medio se respetase a sí mismo este hombre estaría, en el mejor de los casos, en un despacho apartado sellando expedientes. Pero como la izquierda es insaciable en su desfachatez, la actual ministra de Sanidad, esa sectaria sin remedio incapacitada para la gestión, le brinda una especie de homenaje en el Congreso en su fallida intención de crear otra nueva Agencia estatal para colocar a Fernando en agradecimiento a sus servicios prestados. La cuestión es que la gestión de la pandemia por parte del gobierno español fue la peor de todas las democracias occidentales, tanto en términos económicos como sanitarios, con una cifra de muertos escandalosa pero que solo reducen a los que murieron en las residencias de Madrid en el peor momento de la pandemia, para ver si así, 5 años después, consiguen quitarle algún voto a Ayuso utilizando a los fallecidos.
Pero el modelo «científico» utilizado durante el Covid para imponernos medidas arbitrarias y desproporcionadas «para salvar vidas», se ha repetido casi con exactitud en su incompetencia e inutilidad respecto a la gestión de la DANA en Valencia, por mucho que la actuación de Mazón esté en inmoralidad e inhabilitación a la altura del sanchismo. Ahora la culpa de lo sucedido no solo ha sido del presidente valenciano sino del cambio climático, esa nueva secta religiosa que debemos tragar sin cuestionar y que es la culpable de las muertes de Valencia, dependiendo del momento, porque el partido socialista alterna entre Mazón y el cambio climático. Ya lo hizo Pedro Tramp en ese foro-circo de la lucha contra el cambio climático pocos días después de la tragedia, y lo sigue haciendo la ministra esta que han puesto de medio ambiente o como se llame ahora: el cambio climático mata y ahí tenemos la DANA de Valencia para recordarlo.
Y llegamos, en esta línea, a la nueva urgencia apocalíptica a nivel europeo: la guerra contra Rusia ya está aquí. Nos cuentan desde Bruselas que hay que prepararse para lo peor y por eso nos presentan el kit de supervivencia, en un alarde de insulto a la inteligencia humana propia de esa casta de ineptos vividores que ocupan los principales despachos de Bruselas. Aquí seguimos escuchando cifras, anuncios de apocalipsis, pero no existe ningún político que detalle nada concreto. La amenaza de Putin puede ser real, pero esto empieza a oler demasiado a negocio de unos pocos y dosis de terror para todos.
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.