Considero urgente prohibir de ingesta de alcohol en, al menos 48 horas, a que quienes organicen charlas y coloquios en universidades o instituciones educativas públicas. ... Si pese a haber cumplido esta premisa, y habiendo dado negativo en un test de alcohol y drogas, quienes organizan las charlas siguen señalando hacia personas de extrema derecha como potenciales ponentes, entonces, cabría una segunda norma que estipulara el perfil adecuado para tener la responsabilidad de conformar una mesa de diálogo y debate en una institución pública. De momento, necesitan con urgencia esa norma en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad de Granada donde decidieron que los ultra derechistas Iván Espinosa de los Monteros y Macarena Olona dieran charlas en sendas y respectivas universidades públicas; uno en la Facultad de Ciencias Políticas y, otra, en la de Derecho. Todo un ejemplo de diseño de interiores.
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Problablemente, con la excusa de que ya no pertenecen al partido político que abandera la misoginia, la xenofobia y la homofobia, pensaron en ambas facultades que podrían ser aptos para pasar y sentar cátedra en la cuna del conocimiento personajes que lo perdieron hace mucho tiempo. Sin embargo, ya no militan en el partido de la extrema derecha por una cuestión de confrontación personal con el gurú Abascal, pero no porque hayan cambiado un sólo ápice de lo que piensan y pensaban cuando pagaron la primera cuota como militantes. De haberlo hecho, estarían militando en otro arco político. Han sido muy sonados los argumentos de ambos personajes en contra de las libertades de las personas, en contra de los derechos adquiridos y a favor de políticas migratorias contrarias a los derechos humanos, entre otras perlas. Esto tendría que ser argumento suficiente para descartarles en una primera criba de 'especialistas' a sentar en una mesa redonda en una institución pública que, precisamente, debe cumplir la constitución y sus derechos que, contrariamente, la extrema derecha quiere pisotear.
Estos gallos negros se encontraron de frente con gallos rojos. Gente joven –este hecho me encanta especialmente- que les dijo que no, que para hablar de sus cosas se volvieran a meter en sus cuevas en las que cuelgan sus banderas del generalísimo, sus cabezas de toro y sus rifles. Que una universidad pública no es espacio para quienes defienden la era preconstitucional y eso es especialmente grave que no lo hayan tenido en cuenta en las facultades de Derecho y Ciencias Políticas. Qué podemos esperar que haya metido ahí dentro si consideran que los fascistas son aptos para darnos charlas de democracia.
Pues bien, los gallos rojos, como en la canción, se enfrentaron pacíficamente a los gallos negros. Sucede que los gallos negros traen, como siempre, pistolas o gente que las blande; mostrando con sutileza qué se está dispuesto a hacer llegado un momento dado. Ahí estaban los gallos rojos con sus pancartas y sus lápices. También estaban los gallos negros con sus jefes de universidad y su policía armada y, lo peor, permitiendo a grupos de cachorros neofascistas –gallos grisecillos- arrearan la primera torta. ¿Quién ha ido a comisaría? Quienes reivindicaban la libertad y quienes se oponían a más represiones. No os desaniméis gallos rojos y seguid así que, tarde o temprano, los gallos negros volverán a las sombras de las que nunca debieron salir.
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