El Instituto de Estudios Almerienses (IEA) ha impuesto el Escudo de Oro de la institución, con motivo de la celebración del plenario 2024 en Garrucha, ... a la historiadora María Dolores Durán y al artista Andrés García Ibáñez, clave en la organización del Museo del Realismo en Almería. Nada que objetar al Escudo de Oro a la historiadora. Pero tengo mis recelos a que a Andrés García Ibáñez, que no es miembro del IEA, se le haya concedido el Escudo de Oro.
Sobre la trayectoria de García Ibáñez (Olula del Río, Almería, 1971) hay muchos interrogantes, en torno a una personalidad plural y diversa, no exenta de ambiciones, con un egocentrismo notorio.
García Ibáñez fue un niño prodigio, con una destacada facilidad para el dibujo, que sorprendía, y que alcanzó también a la pintura. Ya de adolescente llamó la atención por una exposición de caricaturas en Almería, por lo insólito, y que auguraba futuros caminos solitarios, teniendo en cuenta el panorama cultural de Almería.
García Ibáñez estudió Arquitectura en la Universidad de Navarra, aunque hubo alguna recomendación en su entorno familiar para que estudiara Bellas Artes. Fruto de su título de arquitecto es el Museo en Olula del Río, su proyecto de fin de carrera de Arquitectura. Su proyección de ascenso tiene un escenario en Londres donde realiza, por encargo, retratos de personalidades británicas, gracias a su representante, muy bien pagados. Otro ascenso lo encuentra cuando, desde la Universidad de Navarra, le sale el proyecto de pinturas murales en la Catedral en El Salvador, en Centro América.
Su facilidad para el gran retrato le lleva a realizar cuadros de gran formato. Muy especial fue la Corte del rey Al Mutazin, donde salen retratados personas de la vida cultural almeriense, como el poeta Julio Alfredo Egea. Este cuadro adquirió una resonancia extraordinaria en el panorama artístico de Almería, aunque no faltaron opiniones críticas que señalaron que el concepto creativo de su pintura sin salir del realismo, está en una dimensión en la que todavía no ha entrado García Ibáñez.
El gran formato le abrió la senda para avanzar en la pintura realista a base de retratos, como el mundo cercano de vecinos de su pueblo. La dimensión del espectáculo se apoderó del pintor.
El Museo de Olula del Río se abrió hacia la fotografía. Un hermano de Andrés es fotógrafo. Y surgió el espacio dedicado a Carlos Pérez-Siquier, que el tiempo convertirá en museo propio. La expansión de García Ibáñez se fue proyectando, no sólo sobre su obra personal, sino también con la adquisición de obras, como pinturas y grabados de grandes autores de la Historia del Arte (Goya, Sorolla, Zuloaga). Y aquí empiezan a surgir nuevos objetivos y proyectos museísticos.
Pero le faltaba la capital. Y al resultado es que García Ibáñez consigue así la gestión y control del Museo-Centro de Arte de Almería y del Museo de Doña Pakyta. A esta situación llega tras fuerte demanda, sin tapujos, para que la Junta de Andalucía le asigne ayudas económicas importantes. Una confrontación que no se ocultó a los medios de comunicación. Su ambición también llegó, con sus colecciones temporales a Melilla y Murcia. Y no para, hasta en el ámbito de las publicaciones, donde también ha seducido al empresario Cosentino, dinero llama a dinero, para poner en marcha la Fundación Ibáñez Cosentino. García Ibáñez ambiciona desde el principio convertir a Olula del Río en el gran territorio cultural de la provincia. Y es importante su relación con el pintor Antonio López, para una gestión conjunta del Museo del Realismo y para convocar cursos de pintura, con ejemplo notorio en el Museo del Realismo..
García Ibáñez también ha seguido con su pintura más personal. Muy aficionado a la música clásica, en 2020 expone en el Museo de Arte de Almería, 'Variaciones plásticas en torno a Beethoven'. La mirada singular del pintor «pone rostro a la Sinfonía número 7, Sinfonía número 9, a la Sonata Patética». García Ibáñez muestra su extraordinaria técnica de contemplación de la realidad figurativa. Mientras es ajeno a otra dimensión de la realidad.
A García Ibáñez le acompaña la presencia de Antonio López. El Museo del Realismo, con Diputación, es el gran ejemplo final. Con las esculturas de los Reyes de España. Obra de García Ibáñez y Antonio López, recibiendo a los visitantes en un espectáculo desconcertante.
De esta manera el discurso de sabiduría plena, arrogancia y soberbia ha ido en aumento en el negocio de los museos. Por todo esto, mi opinión es que el Escudo de Oro del IEA a Andrés García Ibáñez está fuera de lugar dadas las circunstancias.
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