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Permítaseme la licencia semántica y jurídica de llamar 'usura' al cobro de la luz a precios desorbitados, abusivos e insensatos, que ponen en peligro la ... paz social. Para el ciudadano sobran tecnicismos y faltan improperios. Uno se queda estupefacto al comprobar que una factura de la luz emitida en abril se lleva más de la mitad de la humilde pensión de un jubilado. El precio facturado por kilovatio consumido supera en un 136% al del mismo mes de 2021. Esto es aberrante y a todas luces injusto y disparatado.
El pasado 7 de marzo, el precio de la luz alcanzó el récord de 545 euros por MWh en el mercado mayorista español. La escalada empezó antes de la subida del precio del gas como consecuencia de la guerra emprendida por Rusia en Ucrania. En julio de 2021 ya superó el umbral de los 100 euros por MWh, en octubre más de 300; después 350, 400… y de ahí al recibo de los sufridos consumidores y, en particular, de los que tienen la tarifa de 'Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor' (PVPC). No están los tiempos para el derroche de electricidad. Los consumidores llevamos las de perder, porque tenemos que calentarnos, cocinar y alumbrar nuestros hogares. Somos 'esclavos de la luz' y no hay más remedio que apechugar. Sabemos apretarnos el cinturón, pero estamos llegando al último orificio.
La invasión rusa de Ucrania ha disparado el precio del gas natural, pero el precio de la electricidad no debería subir en la misma medida, dado que las centrales eléctricas que lo utilizan aportan menos del 10% de la electricidad total generada. Por ello resulta paradójico que, algunos días, el precio de la electricidad esté por las nubes, justo en el momento en que la mayor parte de la electricidad se genera por las fuentes eólica y solar, mucho más baratas. Algo no cuadra, créanme, aunque lo diga yo que soy profano (y pagano) en la materia. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE) los altos precios del gas en la Unión Europea (UE) se traducen en elevados precios mayoristas de la electricidad, que proporcionan a las compañías «beneficios caídos del cielo» ('windfall profit'). El mismo organismo señala que las actuales condiciones del mercado pueden conducir a que las eléctricas tengan en la UE un exceso de beneficios de más de 200.000 millones de euros en 2022. ¡Pardiez! La cifra pone los pelos de punta. El estómago se sube a la garganta, como en la montaña rusa, y cuesta tragar saliva al representarnos lo que nos toca pagar. Hablamos de unos beneficios requetefantásticos. Y no estamos ante un mercado perfecto, como para fiarlo todo al 'laissez faire, laissez passer' (dejar hacer, dejar pasar). No existe una demanda lo suficientemente flexible para corregir esas pingües ganancias de las eléctricas, a menos que se piense en la alternativa de las velas y candiles, edredones y bolsas de agua caliente. Por eso es preciso que la regulación del mercado de la electricidad sea capaz de neutralizar con celeridad las desviaciones del precio que multiplican las ganancias de las eléctricas sin ton ni son; en vez de consentir un lucro desordenado, moralmente inaceptable por ser contrario al justo beneficio, sobre el que siguen ilustrando las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino y Francisco de Vitoria.
En su informe del pasado 29 de abril, la Agencia de Cooperación de los Reguladores de la Energía (ACER), creada por la UE para supervisar los mercados interiores de la electricidad y del gas natural, considera que el actual mercado eléctrico en la UE no es responsable de la crisis y no es necesario rediseñarlo (como pretendían España, Portugal y otros países). Sin embargo, el informe reconoce que se necesitan algunas mejoras, incluyendo una «válvula de alivio temporal en situaciones de emergencia», siguiendo el modelo implantado en Australia y en Texas, que permite la limitación de los precios en determinadas circunstancias. Entre las medidas propuestas, el informe se refiere a la protección de los consumidores más vulnerables frente a la volatilidad de los precios. Más vale que la válvula funcione cuanto antes y que no se atore, porque la escalada de los precios irá a peor si Rusia corta el suministro de gas, como ya lo ha hecho con Polonia y Bulgaria. La crisis energética que vivimos acelerará la sustitución de los combustibles fósiles por fuentes renovables; el mercado interior de la electricidad favorece ese objetivo. Y los ciudadanos ambicionamos una pronta descarbonización de la UE, pero no al precio de la 'pobreza energética', que se ceba con los más débiles.
El mercado interior de la electricidad no puede favorecer las ganancias extraordinarias de las eléctricas en detrimento de los consumidores. Con cierta lentitud llegó la bajada de impuestos que repercuten en la factura de la luz y la prohibición de los cortes de suministro a consumidores vulnerables. Ahora se implementa la medida de limitación del precio del gas (autorizada por la UE, temporalmente, a España y Portugal), pero las compensaciones a las eléctricas acabarán pagándolas en diferido todos los consumidores.
Las compañías eléctricas deberían devolver los beneficios injustamente obtenidos de los consumidores desinformados y no avisados, incapaces de comprender el 'sistema marginalista' y el galimatías de un mercado de la luz con 24 precios diarios, y tres franjas horarias. La AIE propone impuestos temporales sobre los beneficios caídos del cielo para ser redistribuidos entre los consumidores. Italia lo ha hecho, y el lunes pasado anunció la subida del 10% al 25% del impuesto sobre beneficios extraordinarios de las eléctricas, una contribución sobre ganancias oportunistas pescadas en río revuelto. ¿O no?
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