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Jorge Martínez
Viernes, 7 de abril 2023, 13:51
Granada volvió a congelar el sonido de sus campanas en el momento exacto de las tres de la tarde, cuando la ciudad -la única en el mundo que celebra de esta forma la Muerte de Cristo- se arrodilló ante el Señor de los Favores, en el Campo del Príncipe. En gran número habían acudido a la llamada del besapiés del Viernes de Dolores multiplicándose de manera extraordinaria para cumplir la tradición granadina y cubrir por completo la explanada mirando fijamente al Crucificado de piedra y bajo un sol de justicia.
A la una y media de la tarde había salido la Soledad de Nuestra Señora desde el interior del templo dominico de Santa Cruz la Real con su cortejo de nazarenos y mantillas y mandado el paso por Alberto Ortega. Una capilla musical ponía notas solemnes al traslado con las tradicionales «saetillas» y composiciones breves. A las tres menos cuarto de la tarde llegó ante el monumento del Señor de los Favores mientras se rezaba la última estación de Vía Crucis por el párroco de San Cecilio, José Manuel Molina, y varios feligreses de la parroquia. Como es costumbre se unió al acto el arzobispo de Granada siendo la primera vez que subía al estrado instalado a los pies del monumento. «Impresionado por la lección de fe de nuestros mayores que supone un acto a la hora en la que Cristo muere» dijo el arzobispo en su intervención a pocos minutos de la hora en punto. «Ponemos los deseos que lleva Granada en su corazón a tus pies» e indicó que sus peticiones primeras iban por los enfermos, por las personas solas «por los que no tienen techo, por las familias y los desempleados, especialmente por los jóvenes» señalando también que «te pido, Señor de los Favores por Granada para que conserve esta fe tan grande en Tí».
El prelado después dio lectura al soneto «No me mueve mi Dios para quererte» y se recordaron las Siete Palabras de Cristo en la cruz. A las tres en punto el silencio se hizo a la llamada del cornetín de órdenes que tocó el joven músico de la agrupación «Dulce Nombre de Jesús», Israel García. La tradición granadina se había cumplido. Acto seguido, monseñor Gil Tamayo rezó la oración de las Cinco Llagas al Señor de los Favores mientras junto al Cristo estaba la representación municipal con el alcalde al frente, Francisco Cuenca, y los ediles Jacobo Calvo, Raquel Ruz (PSOE), Pepa Rubia (PP), Beatriz Sánchez y Mónica Rodríguez (VOX), junto a la hermandad de los Favores con su hermano mayor Juan Antonio Romera y el presidente de la Federación de Cofradías, Armando Ortiz.
Por la llaga del pie izquierdo puso «la paz en el mundo, especialmente en Ucrania e Israel y para que no haya más miseria ni hambre. En la llaga del pie derecho ofreció la bendición a Granada «A los enfermos y a los niños de la ciudad». En la llaga de la mano izquierda puso el prelado «la justicia en el mundo» por la llaga de la mano derecha pidió «bendice a los movimientos apostólicos de la Iglesia, a las hermandades y cofradías y en especial por esta del Cristo de los Favores y por la lluvia en los campos» finalizando con la oración del costado de Cristo pidió por «la unión fraterna de todas las personas, por las vocaciones para la Iglesia y por las intenciones particulares de todos los asistentes».
Concluida la oración el paso de la Virgen de la Soledad giró hacia la salida del Campo del Príncipe e inició su regreso a Santo Domingo mientras muchos asistentes al acto religioso quisieron quedar junto al Señor de los Favores y esperar la salida de la cofradía de la parroquia de San Cecilio.
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