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Inés Gallastegui
Martes, 6 de junio 2017, 02:13
El joven Yair Piña López es uno de los mil cobayas humanos que, en los últimos diez años, han pasado por la Estación de Investigación de Marte en el desierto de Utah (Estados Unidos). La base, promovida por The Mars Society, es un laboratorio que reproduce las condiciones de vida de una eventual misión exploratoria en suelo marciano, por lo que los participantes están sometidos a las mismas limitaciones que sufrirían en el Planeta Rojo, incluido el traje espacial para sobrevivir a su irrespirable atmósfera.
Como este estudiante de Ciencias mexicano, grupos de seis o siete especialistas en diversas disciplinas -geólogos, astrobiólogos, ingenieros, mecánicos, médicos, psicólogos o artistas- viven durante semanas o meses en este inhóspito lugar. Aparte de probar las tecnologías que mejor podrían servir para hacer habitable el planeta más parecido a la Tierra que existe en el Sistema Solar, en la estación se analiza el factor humano, es decir, la conducta de estos sujetos en un entorno hostil y aislado. A Yair no se le ve tan mal.
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