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Atesoran el saber de un oficio ancestral y lo mantienen vivo contra viento y marea. Los Gallegos son una saga de pastores trahumantes de La ... Alpujarra de Granada, encabezada por Gabriel, que lleva 52 de sus 66 años vara en mano guiando ovejas y que aprendió todos los secretos de la trashumancia de su hermano mayor Miguel, el mítico 'pastor de la manzanilla'. (Por cierto, se encuentra bien de salud y vive en una residencia en Huéscar).
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El futuro de la saga es Gabriel Gallegos hijo, de 24 años, que desde pequeño mamó el oficio y, aunque ha estudiado electromecánica, sueña con poder continuarlo, aunque su padre es pesimista. «Yo no le veo futuro, el cambio climático nos va a retirar», sentencia rotundo.
En este último traslado a la Costa, donde su rebaño de mil ovejas pasará el invierno, a Gabriel padre le pesan más que nunca los kilómetros y los días al raso en el campo. «Este oficio es mi vida y me ha dado muchas alegrías, ver a los animales salir para adelante es muy gratificante.. pero si pudiera yo ya me había quitado, me duelen ya todas las 'bielas'«, explica Gabriel padre, mientras conduce su rebaño hacia la Costa.
El pastor cuenta que su oficio se le hace cada vez más cuesta arriba por culpa de la sequía, que ha arrasado los pastos. Además, los costes del pienso se han disparado, las fincas donde comen las ovejas en la Costa están desapareciendo y el futuro en Granada es cada vez más complicado.
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«La sequía nos va a llevar a la ruina, hay que completar la alimentación con piensos y forrajes y no salen las cuentas. Aquí en Granada no compensa, en Córdoba o Sevilla donde hay grandes fincas se puede seguir pero aquí estás todo el día con el bastón en la mano y te ves frito para sacar adelante a las ovejas... En la Costa ya solo hay solo chalés y carreteras», lamenta Gabriel.
Cada vez encuentran menos hierbas, tallos, flores, triguerones, orejicas de liebre o amapolas para alimentar a las ovejas. «La sequía nos va a quitar de esto, en la Costa se ha muerto todo el monte», insiste rotundo.
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Aún así, su hijo Gabriel, que ha heredado la pasión familiar asegura que seguirá peleando mientras el rebaño sea rentable. «Me ha gustado desde pequeño y no quiero otra cosa», asegura. En abril, volverán a Bubión para que las ovejas se pongan de parto. En apenas unos días nacerán mil borregos. «Trabajas todo el año para esos días, acabamos reventados pero es muy bonito», esgrime con una sonrisa.
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