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El pañuelo no dejó de girar en toda la tarde. Una chica lo movía con gracia, lo sostenía con el dedo, haciéndolo dar vueltas como ... una peonza. A su lado, un chico daba volteretas, otra hacía malabares. Parecía un ambiente distendido, propio de cualquier espectáculo de circo o encuentro entre amigos. Sin embargo, el contexto era muy diferente. Los chicos de la calle estaban apoyando a otro grupo de jóvenes que estaban dentro de un bloque okupado. En la puerta del edificio, personal de una empresa de desokupación. Con abrigos deportivos, caras cubiertas y pocas palabras.
Los escasos metros de la calle Azacayas, una perpendicular entre Gran Vía y calle Elvira, fueron el escenario de varios momentos de tensión, hasta el punto de que la Policía Nacional acabó por acordonar los dos extremos y tuvo que intervenir en varias ocasiones para disolver enfrentamientos, con el uso de la fuerza. Se produjo una detención durante la jornada, por resistencia a la autoridad. Y una ambulancia atendió heridas leves entre los simpatizantes de los okupas y los empleados de desokupación.
La presencia policial en tan céntrica calle alertó a viandantes y vecinos durante toda la jornada. Poco después de las once y media de la noche, la empresa de desokupación abandonó el lugar aunque la Policía se mantuvo en la zona, aunque con menor presencia. La empresa de desokupación había mandado una negociadora para tratar de mediar. Tras varias cargas, enfrentamiento y tensiones, los intentos por negociar fructificaron cerca de la medianoche. Los okupas aceptaban un plazo de dos meses para irse, la propiedad retiraba a la empresa de desokupación.
La historia de lo ocurrido en Azacayas arranca varias semanas atrás. Según contaron los vecinos y los presentes a IDEAL, el bloque lleva okupado cerca de dos meses. Hasta ahora no hubo problemas. «No hacen ruido, es más el tránsito de entrar y salir, pero son buena gente», cuenta una chica cuando entra al portal de enfrente. «Me di cuenta de que estaban ahí por la cantidad de luces que había en todas las plantas, no por el ruido», comenta otra señora mientras deja la compra en el portal.
El motivo por el que los inquilinos improvisados se han asentado dentro es que, dicen, el bloque llevaba «años» vacío e inutilizado. Argumentan que las necesidades sociales son una realidad. Aseguran que quieren convertirlo «en un centro cultural» y hasta le han puesto nombre, 'La madriguera'. Después de semanas durmiendo allí –ha llegado a haber 30 o 40, según una de las que ha estado pernoctando– han empezado a «autogestionarse» y organizar talleres. «Queremos compartir y que la gente lo use, también aquellos que no tengan hogar. No tiene sentido que haya casas vacías y gente sin casa, cuenta Marion, que ha estado estas semanas residiendo en el edificio. La tensión arranca cuando, en la mañana del lunes, aparece la empresa de desokupación y empieza a custodiar la puerta del edificio. Son trabajadores de la empresa Ama Desokupa, con sede en Granada, según indican en su web. Fueron muy herméticos durante toda la jornada y apenas se comunicaron.
Una de las responsables indicó a este periódico que habían recibido el encargo por parte de una familia, los supuestos propietarios, para desalojar, al no poder disfrutar de su inmueble.
Una decena de trabajadores de esta empresa se reparten por la zona, no solo en la puerta, también en las esquinas de la calle. Se comunican por pinganillos continuamente para mantenerse al tanto de la situación. Fue la llegada de esta empresa la que supuso un punto de inflexión después de semanas de okupación. Cuando los residentes se percataron de su presencia, hicieron un llamamiento por grupos de WhatsApp. La movilización fue instantánea, y poco a poco fueron llegando más y más simpatizantes.
A las 13.00 horas eran ya varias decenas de personas las que se agolpaban enfrente para mostrar su apoyo. Las protestas se combinaban con el baile al son de la música –La Raíz o Isabel Pantoja, entre otros– en medio de un ambiente festivo a ratos.
Hubo tensa calma y varios enfrentamientos. Cuando los manifestantes se disponían a meter comida en el interior del bloque, por ejemplo. Lanzaron desde abajo botellas de agua, cervezas y otros productos al interior de los balcones, pero no siempre llegaban. Algunos se caían junto al personal de la empresa de desalojo y se iniciaba el enfrentamiento. También ocurrió cuando trataron de subir alimentos con una cuerda y una bolsa.
Esos primeros conflictos propiciaron la intervención de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) de la Policía Nacional, que permaneció en la calle controlando la zona desde media mañana. A primera hora de la tarde fueron relevados por la Unidad de Intervención y Prevención (UIP), que siguió durante el resto del día.
A partir de las 17.30 horas, la situación se volvió más tensa. La UIP intervino en varias ocasiones. Según precisaron fuentes de la Policía Nacional, lo hicieron para disolver el enfrentamiento entre ambos bandos. Hubo gritos y golpes. Una ambulancia del 061 acudió para atender a heridos leves de ambos bandos. Poco a poco, los protestantes quedaron arrinconados al principio de la calle, alejados de la entrada del bloque, que pretendían bloquear. La Policía Nacional montó un perímetro de seguridad a ambos lados de la callejuela para evitar que avanzaran y se llevaron detenida a una persona por un delito de resistencia y desobediencia a la autoridad, según confirmó el cuerpo.
La empresa de desalojos mandó a una persona para mediar. Fuentes oficiosas señalaban que se les ofrecía a los okupas unas semanas de plazo para que desalojaran de forma voluntaria. Una de las manifestantes, que se acercó con la negociadora, logró trepar por una cuerda hasta el interior del inmueble. Al cierre de esta edición se produjo un principio de acuerdo. Los okupas aceptaban un plazo de dos meses para irse y la propiedad retiraba a la empresa de desalojos de la puerta del edificio.
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