Juani Bermejo Vega mantiene una historia de superación y adaptación en lo personal y en lo académico.Pepe Marín
«Va a ser más fácil crear el primer superordenador cuántico que lograr la igualdad de género»
IMPRESCINDIBLES ·
Juani Bermejo Vega se ha mudado con su esposa de la Universidad Libre de Berlín a la UGR gracias a una beca Marie Curie. Quiere crear un grupo de investigación de computación cuántica, es activista 'queer' y transexual
Ser una autoridad en computación cuántica no está decididamente al alcance de cualquiera. Es complicado. Requiere paciencia, sacrificio y un entorno favorable. Ser una mujer transexual es probablemente más complicado. Juani Bermejo Vega ha seguido los dos caminos, el de la física e ingeniería cuántica y el de la transexualidad. Ydesempeña sus dos realidades con éxito y, sobre todo, con amor. Esta es su historia.
Juani nace en Cáceres en 1987, en el seno de unafamilia natural de Piornal, en el Valle del Jerte. Fue a dos colegios, el Paideuterion y al público Donoso Cortés. Prosiguió sus estudios en el Instituto Norba Caesarina. Juan entonces era 'queer', pero no había salido del armario, lo que hizo hace dos años en Berlín para convertirse en Juani.
Vídeo.
Pepe Marín/ Barrera
Es importante entender qué significa el concepto 'queer'. «Es un término paraguas que engloba a las personas cuya sexualidad no es normativa. La 'norma' nos dice que tenemos que tener un género, hombre o mujer. Y si no encajas, eres 'queer'. Y si tu sexualidad va en contra de la 'norma', que no es física, sino una convencióna arbitraria de la sociedad, eres 'queer'».
Ahora, volvamos al colegio. «Fue un lugar siempre desagradable. Yo era una chica 'queer' y trans. Tuve problemas de integración. Me hicieron 'bullying' diez años, desde los siete a los diecisete años. Los chavales jugaban al fútbol y las chicas a la comba. A mí no me gustaba el fútbol, quería saltar a la comba, aunque me caía. Las chicas flipaban».
Nada mejoró en el segundo colegio. «Los chavales se quejaron e hicieron boicot porque no jugaba con ellos. Y los profes me obligaron a jugar con los chicos. Empecé pero según me juntaba, más 'bullying' que me hacían».
De Cáceres a la Universidad de Salamanca, estudia Física e Informática cuántica. «Salir del Instituto fue lo mejor que me ha pasado en mi vida. Sigo dentro del armario. Pero me junto con gente 'queer'. Empiezo a explorar más mi género. Pero era el típico huevo trans que en las fiestas de disfraces siempre me vestía de mujer». «En la Universidad no me hacen 'bullying'. Esto solo te cambia la vida».
Gracias a una beca estudió en Vancouver (Canadá), donde descubre la computación cuántica. Se forja entonces una relación permanente. «Vuelvo a Salamanca para licenciarme, empiezo con el doctorado y acabo en Munich, en el instituto Max Plank de Óptica Cuántica en el grupo de Ignacio Cirac, un físico español.
Vídeo.
Pepe Marín/ Barrera
En 2015 me doctoro en Munich en computación cuántica. Es entonces cuando empiezo con el activismo. Empieza defender los derechos laborales de los estudiantes. «En la Max Plank fundé un grupo de igualdad de oportunidades para grupos infrarepresentados en Ciencias –LGTBI+, 'queer', discapacitados crónicos, migrantes–. Es decir, gente con menos privilegios».
En 2016 se mudó. Gracias a becas postdoctorales ingresó en la Universidad Libre de Berlín y sigue con la computación cuántica. La etapa berlinesa queda marcada por la fundación de Q-Turn. Una asociación con muchas sensibilidades para atraer a las minorías y que estuvieran a gusto. «Damos charlas de información cuántica, pero también de inclusividad, de género y derechos laborales». Es cuando afirma rotundamente que «va a ser más fácil crear el primer superordenador cuántico que lograr la igualdad de género».
Juani levanta el puño rodeada de cables ante una pizarra repleta con sus ecuaciones cuánticas en su despacho en Ciencias.
Pepe Marín
De Juan a Juani
En una frase. «Dejo de llamarme Juan por fascículos». Con Esther, su pareja, empezó a cambiar de nombre en Navidades de 2017. De nombre y de pronombre. De Juan a Juani y de pronombres, de él a ella. «Me identificaba como persona no binaria. De 2013 a 2017 fui no binaria y utilizaba el pronombre 'they' en el ámbito privado. En Navidades 2017, Esther me propone si quiere que utilice el femenino conmigo y le dije que sí. Probé con Esther, luego con amigos de Berlín 'queer' y así poco a poco».
Sigue con las entregas. «En primavera de 2018 cambio el pronombre a femenino públicamente. En diciembre de 2018 se lo digo a mi hermano. También empecé a utilizar ropa femenina en 2018 en el trabajo y en eventos. A mis padres se lo conté en Navidades de 2018, y un poco antes de eso, en el trabajo. Una vez que se lo cuento a mis padres, ya lo cuento a todo el mundo en redes sociales. Ahora, me acepta mi familia, mi trabajo y mi perro».
Esther, su pareja, es no binario. «Es una 'chique'. Es una persona asignada como mujer al nacer». Y se enamoró de Juan y sigue enamorada de Juani, de forma que desde Berlín se ha venido a Granada también. «Estuvimos viviendo 'juntes' en Alemania y nos hemos venido 'juntes' a Granada». «Porque con Granada me ha tocado la lotería con una beca contrato, un subprograma de la Marie Curie, la más prestigiosa de Europa». Su objetivo es estabilizar su empleo y crear un grupo de investigación de computación cuántica». Mientras, Juani y Esther llevan trece años «viviendo como una familia normal». Perdices.
Juani Bermejo Vega, en la Facultad de Ciencias.
Pepe Marín
«Me casé en un pueblo de Cáceres, el típico bodorrio con 220 invitados»
Su pareja se llama Esther. Es 'traductore' (así escriben ellas el género) de varios idiomas, inglés, alemán, español y francés. Estudió Traducción e Interpretación en la Universidad de Salamanca (2006), que fue donde se conocieron. Tiene un máster y ahora se dedica a traducir y a escribir, sobre todo, relatos de horror, y ha ganado varios premios. Se casaron en 2016 en Extremadura, en Jaraiz de la Vera. Las dos son extremeñas. «Yo era un chico y Esther tampoco estaba fuera del armario como 'no binaria', así que era una chica. Fue una boda al uso, la familia no tenía conocimiento de nada. Fue una ceremonia divertida con cóctel y espectáculo. Fue una boda de familia de toda la vida. Un típico bodorrio, con 220 invitados». Lo curioso es que, al final, se tuvieron que casar tres veces. En Cáceres, en el consulado de España y en el Ayuntamiento de Berlín.
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